Despues de muchos planes frustrados nos quedamos en Caracas estas vacaciones. La verdad que a veces es mejor quedarse en casa para evitar la multitud de gente que abarrota el interior del país. Sin embargo, por querer hacer algo diferene nos fuimos un fin de semana a Choroní. Si hay una cosa maravillosa que tiene Venezuela es que donde quiera que uno vaya siempre se podrá encontrar una playa donde uno pueda estar comodamente a sus anchas.Mi intención es simplemente darles una recomendacion turistica sin entrar en la tipica promoción que vemos en diarios y revistas hoy en dia. Está de más escribir sobre la historia del pueblo, la gente, etc., etc. Aqui se trataba de nosotros y de pasarla lo mejor posible. Asi que el viernes a media mañana hagarramos el carro y nos fuimos de Caracas.
Por lo general uno se toma 3 horas manejando con calma y sin apuros. Sin embargo, no faltó el anormal que se cree piloto de formula 1, manejando un carro con un motor 1.6, que se estrella contra un camión con los cauchos lisos. Asi que gracias a eso nos tardamos 4 horas. A pesar de todo, disfrutamos del paisaje y la flora del Parque Nacional Henry Pittier, uno de solo tres parques naturales en el mundo con tanta diversidad de flora por cada metro cuadrado. Una vez llegados al pueblo, nos instalamos en la posada y a las 3:00 p.m. nos estabamos tomando unas cervecitas en la playa. Si no fuera por el hambre que teniamos nos hubiesemos quedado hasta la noche. Asi que regresamos a la posada, nos bañamos (con agua caliente) y nos fuimos al restaurant de Evelyn y Wlly. Una pareja de alemanes que tienen ya 10 años con ese restaurante y donde, hacía varios años, me había comido la mejor parrilla de mariscos de mi vida. Y les puedo decir que lo hice por segunda vez. El sitio queda justo cruzando el rio que va a Playa Grande. Si van despues de las 8:00 pm tendran que esperar por mesa, y si van más temprano se tienen que calar el gentío que cruza el rio con carro y/o a pie. Independientemente de cuando vayan les aseguro que van a comer de lo mejor. Para terminar la noche, nos fuimos al malecón a bajar la comida. Ahí nos encontramos con una cantidad incalculable de artesanos vendiendo todo tipo prendas y adornos. Estaba convertido en un mercado durante todos esos días. No tengo idea si todavía tocan tambores en las noches o si se forman esas rumbas cañeras como sucedía antes, pero por la hora en que la gente comienza a ir a la playa me imagino que si. Nosotros prefirimos acostarnos temprano y disfrutar de la playa (arena blanca, sol radiante y mar transparente) ya que desde hace tiempo los tambores se convirtieron en una suerte de "vamos a hacerlo porque es lo que hay que hacer". Simplemente habían perdido lo autoctono e ingenuo.
Al día siguiente agarramos un peñero y nos fuimos a Oricao. Todo el mundo se va a Zepe, Chuao o Valle Seco. Por experiencia sabíamos que esas playas se abarrotan de gente durante esos días. En Uricao no hay absolutamente nada. De casualidad hay sombra. Pero la playa es espectacular. Si uno se va preparado la pasas de lo mejor. Nosotros nos llevamos nuestra cava con sandwiches, agua, frutas, pirulin y todo lo necesario para preparar unas cubalibres a la orilla del mar. Llegamos a las 10:00 am y eramos los únicos seres humanos en ese planeta. Hasta daba miedo esa soledad. Se pueden imaginar las cosas que uno puede hacer en esas circunstancias. Como a eso de las 11:30 am empezó a llegar gente, sin embargo durante las 6 horas que estuvimos alli solo llegaron 4 grupos de 5 personas cada uno que, para una playa de 2 km de largo, la relación de espacio es bastante favorable. Así que despues de emparejar nuestro bronceado y renovar el espiritu nos vinieron a buscar puntualmente a las 4:00 pm y volvimos al pueblo donde repetimos la rutina del día anterior. Baño, cena (pez espada donde mismo) y cama (...). Finalmente llegó el Domingo, y con eso el momento de regresar a casa. Quedaron muchas cosas por hacer, bañarse en el rio, comer en otros sitios y quizas rumbear un poquito. Pero para ser un viaje relampago y haber invertido Bs. 400.000,00 (+o- US $ 200.00), la desición de ir a Choroni fue la mejor que pudimos haber tomado. 3 dias y 2 noches solo con mi esposa, sin nuestro hijo que, a pesar que es un amor y de ser la luz de nuestros dias, nos ha quitado tiempo importante como pareja. Este viaje nos sirvió para darnos cuenta de muchas cosas positivas que tenemos los dos y nos dió fuerzas para aprovechar las oportunidades que nos trae la vida en estos proximos meses. La energía que tiene ese sitio es única, algo que no se puede describir y que tampoco se puede vender por catalogos y revistas.