La Habana, una de las ciudades que conformó el principal eje de explotación de los españoles durante la conquista. Nada más y nada menos que un virreinato en las Antillas, la sucursal del reino de España. Siempre tuve curiosidad en conocerla, no solo por su historia, sino por todo lo que la rodea. Para mi era como la ciudad prohibida, símbolo del comunismo y de la lucha por las ideologías propias de Latinoamérica. Significaba la rebeldía ideológica de los jóvenes que iban en contra del sistema. La idea de luchar por las propias ideas y del vencimiento del imperialismo.Así que un día me embarque en la “aventura” de ir al Festival Latinoamericano de Cine de La Habana”. Una oportunidad única de ver con mis propios ojos el mito que se había creado desde pequeño y además, de reencontrarme con mi profesión… el cine.
Por lo que puedo recordar, el aeropuerto era como cualquier aeropuerto de una isla del caribe, nada malo pero podría ser mejor. Una vez se sale del lugar, se develan calles desiertas y oscuras. Los avisos o afiches pegados en las paredes con temas revolucionarios y de protesta, como salidos de una canción de Silvio Rodríguez, dan la impresión de la existencia de un pueblo que reclama sus derechos y grita a viva voz por sus necesidades. Sin embargo al pasar los días te das cuenta que esos mensajes representan la única opinión que existe dentro de la población y lo peor de todo es que son a favor del gobierno. Es como la excusa para descargar una rabia contra ellos mismos, como una guerra sin rivales.
Al principio, mi mirada se desviaba hacia las casas sin muros exteriores, descubiertas, sin rejas ni protección, dejando ver sus jardines y a veces sus salones internos. Me sentía como en la Caracas de los años 70, donde yo crecí. Esa ciudad donde los vecinos eran amigos e incluso padrinos de los hijos de otros vecinos. Esa ciudad donde uno sabia que por el hecho que la puerta estaba abierta igualito tenías que tocar el timbre. Era como vivir en el pasado, cuando la calle era lo suficientemente sana como para ayudarnos a crecer. Caminar sin miedos durante la madrugada sin miedo a nada, como si fueran las tres de la tarde de un domingo. Sin embargo, al pasar los días y me iba adentrando libremente en los vecindarios, confirmaba las historias que había oído. La gente hacia cola para comprar víveres, víveres que no eran muy variados y tampoco sofisticados. Luego, comencé a ver las casas en ruinas y abandonadas, comencé a ver la desolación de un pueblo sin futuro, sin ganas de nada, conforme y sin rumbo. En el centro de La Habana conocí, La Bodeguita del Medio, La Floridita, El Malecón y otros lugares históricos que sorprenden mas por lo que fueron y significaron que por lo que son hoy en día… ruinas. Ruinas con olor a cloaca y orine que pareciera estar caminando por un gran baño público.
Mientras tanto, a pocas cuadras, el Festival de Cine seguía su curso, ajeno a todo lo que existía afuera. Nos contaban algunos que este evento marcaba una época de alegría en sus vidas. Muchos pedían sus vacaciones para atiborrarse ante las puertas de un teatro y poder ver una película extranjera. No por ser buena o mala sino por ser extranjera. Yo recuerdo haber visto “La Vida es Bella” de Roberto Begnini, La Brasilera “Estación Central”, De Cuba, la ganadora del Festival, “La Vida es Silbando” (no se lo merecía), “Perdición en Las Vegas” de Terry Gillian, Director de Brasil (mala hasta la pared de al frente) y otras mas que nunca llegaron a Venezuela y seguramente ya nunca llegaran. Tuve la fortuna de conocer, de primera mano, trabajos de directores de cine europeo como Julio Medem de España o el Danés Lars von Trier y de americanos como Frank Capra, quien asistió al Festival dejando atrás las barreras políticas que existen entre su país y Cuba. Sin duda una experiencia maravillosa.
Sin embargo, queda el sabor amargo de ver a toda esa gente con la ilusión de entrar a ver esas películas. En Cuba los cines son como los antiguos cines de Caracas. Aquellos que tuvieron la fortuna de ir al Cine Altamira, por mencionar uno de los más recientes, pueden imaginarse de lo que estoy hablando. Recuerdo uno que hasta tenia el “telón” de madera, era increíble oír cuando se abría y se cerraba, todo un espectáculo. Mientras tanto afuera se hacían dos filas, en una los cubanos y en otra los acreditados y participantes del Festival. Obviamente nosotros entrábamos directo y teníamos una zona reservada. Cuando esa zona se llenaba entonces pasaba el resto de la gente. En una oportunidad llegamos tarde a una película y tuvimos que mezclarnos con la gente desesperada para entrar y justo cuando el portero dijo “no entra mas nadie”, llegamos a la puerta, al ver las credenciales nos dejo entrar. Se podrán imaginar los gritos de la gente. El que mas recuerdo fue “nosotros somos cubanos y también tenemos derecho”. La verdad lo hacen sentir a uno muy mal pero siempre me he preguntado a que se refería ese señor.
Pasaron los días y se nos ocurrió ir a Varadero. Así que le pedimos a un amigo cubano que nos llevara y así lo hizo con la mayor emoción del mundo. Al llegar nos dimos cuenta que si no era cono nosotros él nunca hubiese podido acercarse a ese lugar. Así que nos recogió en un carro ruso del 56, no recuerdo la marca pero si recuerdo lo incomodo de sus asientos. Recorrimos pueblos y campos durante tres horas. La verdad que el paisaje era atractivo y afortunadamente la compañía era excelente, se nos hizo largísimo el viaje. El único entretenimiento era la radio, que no era de mucha ayuda. Lo que si pude darme cuenta era que el noticiero era el mismo siempre, uno solo.
Al pasar el tiempo y reflexionar sobre ese viaje a Cuba, varias cosas pasan por mi mente. La primera es que después de ver y constatar con mis propios ojos la inversión europea en el turismo de esa ciudad llegue a la conclusión que el embargo no es mas que una pantomima para no repartir los bienes entre el pueblo cubano. El día que se acabe el embargo, el pueblo podrá tener esperanzas de despertar y abrir los ojos al mundo. Es exactamente lo mismo que ha el hecho el gobierno, hasta hace poco, con lo del golpe de estado de Abril y el paro petrolero. Simplemente es la excusa perfecta servida en bandeja de plata. Pero también esta el otro lado de la moneda, si es verdad que en Cuba hay un solo noticiero que dice lo mismo, nosotros tenemos muchos noticieros y periódicos que, al igual que allá, dicen lo mismo.
En Venezuela tenemos miedo de que nos conviertan en una segunda Cuba, sin embargo, después de esa experiencia, me di cuenta que somos otra Cuba desde hace muchos años. Ellos tienen todas las herramientas para crecer, casa, educación, comida, pero les ponen el techo justo a la altura de sus cabezas, en cambio nosotros tenemos el cielo abierto pero no nos dan las herramientas para crecer. Creo que no hace falta mencionar las cifras de déficit habitacional, o el nivel de educación y la calidad de vida del 80% o más de la población. Al final somos exactamente lo mismo.