domingo, diciembre 11, 2005

CUANDO SALI DE CUBA...

La Habana, una de las ciudades que conformó el principal eje de explotación de los españoles durante la conquista. Nada más y nada menos que un virreinato en las Antillas, la sucursal del reino de España. Siempre tuve curiosidad en conocerla, no solo por su historia, sino por todo lo que la rodea. Para mi era como la ciudad prohibida, símbolo del comunismo y de la lucha por las ideologías propias de Latinoamérica. Significaba la rebeldía ideológica de los jóvenes que iban en contra del sistema. La idea de luchar por las propias ideas y del vencimiento del imperialismo.

Así que un día me embarque en la “aventura” de ir al Festival Latinoamericano de Cine de La Habana”. Una oportunidad única de ver con mis propios ojos el mito que se había creado desde pequeño y además, de reencontrarme con mi profesión… el cine.

Por lo que puedo recordar, el aeropuerto era como cualquier aeropuerto de una isla del caribe, nada malo pero podría ser mejor. Una vez se sale del lugar, se develan calles desiertas y oscuras. Los avisos o afiches pegados en las paredes con temas revolucionarios y de protesta, como salidos de una canción de Silvio Rodríguez, dan la impresión de la existencia de un pueblo que reclama sus derechos y grita a viva voz por sus necesidades. Sin embargo al pasar los días te das cuenta que esos mensajes representan la única opinión que existe dentro de la población y lo peor de todo es que son a favor del gobierno. Es como la excusa para descargar una rabia contra ellos mismos, como una guerra sin rivales.

Al principio, mi mirada se desviaba hacia las casas sin muros exteriores, descubiertas, sin rejas ni protección, dejando ver sus jardines y a veces sus salones internos. Me sentía como en la Caracas de los años 70, donde yo crecí. Esa ciudad donde los vecinos eran amigos e incluso padrinos de los hijos de otros vecinos. Esa ciudad donde uno sabia que por el hecho que la puerta estaba abierta igualito tenías que tocar el timbre. Era como vivir en el pasado, cuando la calle era lo suficientemente sana como para ayudarnos a crecer. Caminar sin miedos durante la madrugada sin miedo a nada, como si fueran las tres de la tarde de un domingo. Sin embargo, al pasar los días y me iba adentrando libremente en los vecindarios, confirmaba las historias que había oído. La gente hacia cola para comprar víveres, víveres que no eran muy variados y tampoco sofisticados. Luego, comencé a ver las casas en ruinas y abandonadas, comencé a ver la desolación de un pueblo sin futuro, sin ganas de nada, conforme y sin rumbo. En el centro de La Habana conocí, La Bodeguita del Medio, La Floridita, El Malecón y otros lugares históricos que sorprenden mas por lo que fueron y significaron que por lo que son hoy en día… ruinas. Ruinas con olor a cloaca y orine que pareciera estar caminando por un gran baño público.

Mientras tanto, a pocas cuadras, el Festival de Cine seguía su curso, ajeno a todo lo que existía afuera. Nos contaban algunos que este evento marcaba una época de alegría en sus vidas. Muchos pedían sus vacaciones para atiborrarse ante las puertas de un teatro y poder ver una película extranjera. No por ser buena o mala sino por ser extranjera. Yo recuerdo haber visto “La Vida es Bella” de Roberto Begnini, La Brasilera “Estación Central”, De Cuba, la ganadora del Festival, “La Vida es Silbando” (no se lo merecía), “Perdición en Las Vegas” de Terry Gillian, Director de Brasil (mala hasta la pared de al frente) y otras mas que nunca llegaron a Venezuela y seguramente ya nunca llegaran. Tuve la fortuna de conocer, de primera mano, trabajos de directores de cine europeo como Julio Medem de España o el Danés Lars von Trier y de americanos como Frank Capra, quien asistió al Festival dejando atrás las barreras políticas que existen entre su país y Cuba. Sin duda una experiencia maravillosa.

Sin embargo, queda el sabor amargo de ver a toda esa gente con la ilusión de entrar a ver esas películas. En Cuba los cines son como los antiguos cines de Caracas. Aquellos que tuvieron la fortuna de ir al Cine Altamira, por mencionar uno de los más recientes, pueden imaginarse de lo que estoy hablando. Recuerdo uno que hasta tenia el “telón” de madera, era increíble oír cuando se abría y se cerraba, todo un espectáculo. Mientras tanto afuera se hacían dos filas, en una los cubanos y en otra los acreditados y participantes del Festival. Obviamente nosotros entrábamos directo y teníamos una zona reservada. Cuando esa zona se llenaba entonces pasaba el resto de la gente. En una oportunidad llegamos tarde a una película y tuvimos que mezclarnos con la gente desesperada para entrar y justo cuando el portero dijo “no entra mas nadie”, llegamos a la puerta, al ver las credenciales nos dejo entrar. Se podrán imaginar los gritos de la gente. El que mas recuerdo fue “nosotros somos cubanos y también tenemos derecho”. La verdad lo hacen sentir a uno muy mal pero siempre me he preguntado a que se refería ese señor.

Pasaron los días y se nos ocurrió ir a Varadero. Así que le pedimos a un amigo cubano que nos llevara y así lo hizo con la mayor emoción del mundo. Al llegar nos dimos cuenta que si no era cono nosotros él nunca hubiese podido acercarse a ese lugar. Así que nos recogió en un carro ruso del 56, no recuerdo la marca pero si recuerdo lo incomodo de sus asientos. Recorrimos pueblos y campos durante tres horas. La verdad que el paisaje era atractivo y afortunadamente la compañía era excelente, se nos hizo largísimo el viaje. El único entretenimiento era la radio, que no era de mucha ayuda. Lo que si pude darme cuenta era que el noticiero era el mismo siempre, uno solo.

Al pasar el tiempo y reflexionar sobre ese viaje a Cuba, varias cosas pasan por mi mente. La primera es que después de ver y constatar con mis propios ojos la inversión europea en el turismo de esa ciudad llegue a la conclusión que el embargo no es mas que una pantomima para no repartir los bienes entre el pueblo cubano. El día que se acabe el embargo, el pueblo podrá tener esperanzas de despertar y abrir los ojos al mundo. Es exactamente lo mismo que ha el hecho el gobierno, hasta hace poco, con lo del golpe de estado de Abril y el paro petrolero. Simplemente es la excusa perfecta servida en bandeja de plata. Pero también esta el otro lado de la moneda, si es verdad que en Cuba hay un solo noticiero que dice lo mismo, nosotros tenemos muchos noticieros y periódicos que, al igual que allá, dicen lo mismo.

En Venezuela tenemos miedo de que nos conviertan en una segunda Cuba, sin embargo, después de esa experiencia, me di cuenta que somos otra Cuba desde hace muchos años. Ellos tienen todas las herramientas para crecer, casa, educación, comida, pero les ponen el techo justo a la altura de sus cabezas, en cambio nosotros tenemos el cielo abierto pero no nos dan las herramientas para crecer. Creo que no hace falta mencionar las cifras de déficit habitacional, o el nivel de educación y la calidad de vida del 80% o más de la población. Al final somos exactamente lo mismo.

jueves, octubre 20, 2005

AAAHHH!!! PUNTA CANA...



Por un momento pensé que no iríamos… y por otro momento pensé que no llegaríamos.

Desde hace algún tiempo venia escuchando las maravillas que ofrece Punta Cana en Republica Dominicana, y por esas cosas que tiene la vida (o el mercadeo) me llegó una llamada ofreciéndome un paquete con el sistema todo incluido para un resort allá mismo. Así que sin pensarlo dos veces lo compré y comencé a planificar el viaje. Para mi mala fortuna justo en la fecha que lo había programado apareció uno de esos terribles huracanes que destrozó mucha de la infraestructura turística de Santo Domingo y tuvimos que posponer el viaje. Un año más tarde, y después de pagar la diferencia, logré encontrar le fecha ideal para irnos a la isla y por fin disfrutar de nuestras vacaciones como Dios manda.

Nuestra primera parada… Maiquetía. Chequeo, una cola para la tasa aeroportuaria (Bs. 75.000+), otra cola para otro impuesto que no recuerdo que es (Bs. 29.000+) y la respectiva parada de algún funcionario de la policía para hacerte preguntas sobre tu viaje. Ya me comenzaba a dar vueltas la cabeza. ¿Por que tienen que hacernos las cosas tan complicadas? La segunda parada Curazao, nada especial, salimos casi de inmediato. La tercera parada fue la que se nos complicó un poquito. Antes de salir me metí en internet para ver el estado del tiempo en Santo Domingo y no había buenos pronósticos. Sin embargo solo pensaba en la playa y en el sol. Nunca me imaginé que íbamos a tener que experimentar uno de esos momentos tan desagradables durante un vuelo. El avión se movió para arriba, para abajo y para los lados. Una pesadilla!!! Se podrán imaginar a las doñas dominicanas batiendo sus collares de pepas de colores y echando ramazos por todos lados. Finalmente cierran el aeropuerto y tenemos que aterrizar en… Punta Cana. Buenísimo!!! Así nos ahorramos el viajecito de 3 horas por tierra. Pues no, de aquí no se baja nadie, dijo la aeromoza. Más vale que no, se formo un motín en el avión. La gente agarro sus maletas y se fueron hacia la puerta. Tengo que admitir que las aeromozas dominaron muy bien la situación. Yo solo pensaba, si esto es así, en esta situación tan insignificante, como habrá sido en New Orleáns con lo de Katrina? Pobre gente. Total que al final nos dijeron que el que quería bajarse lo podría hacer, pero las maletas las tendrían que buscar en Santo Domingo. Problema resuelto. Todo el mundo a sus puestos y a esperar la decisión del capitán. Una hora más tarde despegamos de regreso a Santo Domingo. Una vez más el avión se movió como le dio la gana. Ya no eran rezos los que se oían, ahora eran llantos. A una doña le dió un patatús y tuvieron que darle calmantes. Pero llegamos sanos y salvos, tomamos nuestro traslado a Punta Cana y terminamos llegando como a las 10:00 p.m. directo a la cama.

De ahí en adelante todo fue paz y armonía. Pareciera que Dios nos hubiese hecho pasar por ese momento tan desagradable para que apreciáramos lo que nos venia. Cuatro días de no hacer absolutamente nada. Comer, beber, caminar, dormir, leer, volver a comer, volver a dormir, etc., etc. Para ser honesto, demasiada paz para mí gusto. Aun hoy trato de pensar que me dejo el viaje y se me hace difícil describirlo. El simple echo de haber visitado otro país, otro lugar, otro ambiente es lo único que se me ocurre. Pensar en que fuera de Venezuela si tuviéramos esa infraestructura? Para lo que si me sirvió fue para confirmar la teoría de mi “suegrastra”, que dice… “No vale la pena pagar para ir a playas fuera de Venezuela”

LA ESTRATOSFERA 35000 - 41

PARECIERA NO EXISTIR BARRERAS PARA QUE EL HOMBRE SUPERE TODOS LOS OBSTACULOS QUE SE LE PRESENTAN EN LA VIDA. ALTURA, PROFUNDIDAD, FRIO O CALOR; NO IMPORTA CUAL SEA, EL HOMBRE LOS SUPERA.

YO QUE ME HE SUMERGIDO EN LOS MARES,
QUE HE CRUZADO POR CAMINOS DESIERTOS Y CAMINOS POBLADOS,
QUE HE VISTO MARAVILLAS EN EL MUNDO,
QUE HE SABOREADO LOS MANJARES DE LA TIERRA,
QUE HE ESCUCHADO LENGUAS LEJANAS Y NO TAN LEJANAS,
YO QUE HE SENTIDO EL ODIO,
HE SENTIDO EL AMOR Y EL DESAMOR,

QUE HE VENCIDO EL MIEDO A LAS ALTURAS Y HASTA A LA MISMA MUERTE…

ENCONTRANDOME AHORA EN LA ESTRATOSFERA
ME ARRODILLO ANTE TI Y TE SUPLICO QUE ME QUIERAS.

miércoles, septiembre 14, 2005

Viaje a Choroni

Despues de muchos planes frustrados nos quedamos en Caracas estas vacaciones. La verdad que a veces es mejor quedarse en casa para evitar la multitud de gente que abarrota el interior del país. Sin embargo, por querer hacer algo diferene nos fuimos un fin de semana a Choroní. Si hay una cosa maravillosa que tiene Venezuela es que donde quiera que uno vaya siempre se podrá encontrar una playa donde uno pueda estar comodamente a sus anchas.

Mi intención es simplemente darles una recomendacion turistica sin entrar en la tipica promoción que vemos en diarios y revistas hoy en dia. Está de más escribir sobre la historia del pueblo, la gente, etc., etc. Aqui se trataba de nosotros y de pasarla lo mejor posible. Asi que el viernes a media mañana hagarramos el carro y nos fuimos de Caracas.

Por lo general uno se toma 3 horas manejando con calma y sin apuros. Sin embargo, no faltó el anormal que se cree piloto de formula 1, manejando un carro con un motor 1.6, que se estrella contra un camión con los cauchos lisos. Asi que gracias a eso nos tardamos 4 horas. A pesar de todo, disfrutamos del paisaje y la flora del Parque Nacional Henry Pittier, uno de solo tres parques naturales en el mundo con tanta diversidad de flora por cada metro cuadrado. Una vez llegados al pueblo, nos instalamos en la posada y a las 3:00 p.m. nos estabamos tomando unas cervecitas en la playa. Si no fuera por el hambre que teniamos nos hubiesemos quedado hasta la noche. Asi que regresamos a la posada, nos bañamos (con agua caliente) y nos fuimos al restaurant de Evelyn y Wlly. Una pareja de alemanes que tienen ya 10 años con ese restaurante y donde, hacía varios años, me había comido la mejor parrilla de mariscos de mi vida. Y les puedo decir que lo hice por segunda vez. El sitio queda justo cruzando el rio que va a Playa Grande. Si van despues de las 8:00 pm tendran que esperar por mesa, y si van más temprano se tienen que calar el gentío que cruza el rio con carro y/o a pie. Independientemente de cuando vayan les aseguro que van a comer de lo mejor. Para terminar la noche, nos fuimos al malecón a bajar la comida. Ahí nos encontramos con una cantidad incalculable de artesanos vendiendo todo tipo prendas y adornos. Estaba convertido en un mercado durante todos esos días. No tengo idea si todavía tocan tambores en las noches o si se forman esas rumbas cañeras como sucedía antes, pero por la hora en que la gente comienza a ir a la playa me imagino que si. Nosotros prefirimos acostarnos temprano y disfrutar de la playa (arena blanca, sol radiante y mar transparente) ya que desde hace tiempo los tambores se convirtieron en una suerte de "vamos a hacerlo porque es lo que hay que hacer". Simplemente habían perdido lo autoctono e ingenuo.
Al día siguiente agarramos un peñero y nos fuimos a Oricao. Todo el mundo se va a Zepe, Chuao o Valle Seco. Por experiencia sabíamos que esas playas se abarrotan de gente durante esos días. En Uricao no hay absolutamente nada. De casualidad hay sombra. Pero la playa es espectacular. Si uno se va preparado la pasas de lo mejor. Nosotros nos llevamos nuestra cava con sandwiches, agua, frutas, pirulin y todo lo necesario para preparar unas cubalibres a la orilla del mar. Llegamos a las 10:00 am y eramos los únicos seres humanos en ese planeta. Hasta daba miedo esa soledad. Se pueden imaginar las cosas que uno puede hacer en esas circunstancias. Como a eso de las 11:30 am empezó a llegar gente, sin embargo durante las 6 horas que estuvimos alli solo llegaron 4 grupos de 5 personas cada uno que, para una playa de 2 km de largo, la relación de espacio es bastante favorable. Así que despues de emparejar nuestro bronceado y renovar el espiritu nos vinieron a buscar puntualmente a las 4:00 pm y volvimos al pueblo donde repetimos la rutina del día anterior. Baño, cena (pez espada donde mismo) y cama (...).
Finalmente llegó el Domingo, y con eso el momento de regresar a casa. Quedaron muchas cosas por hacer, bañarse en el rio, comer en otros sitios y quizas rumbear un poquito. Pero para ser un viaje relampago y haber invertido Bs. 400.000,00 (+o- US $ 200.00), la desición de ir a Choroni fue la mejor que pudimos haber tomado. 3 dias y 2 noches solo con mi esposa, sin nuestro hijo que, a pesar que es un amor y de ser la luz de nuestros dias, nos ha quitado tiempo importante como pareja. Este viaje nos sirvió para darnos cuenta de muchas cosas positivas que tenemos los dos y nos dió fuerzas para aprovechar las oportunidades que nos trae la vida en estos proximos meses. La energía que tiene ese sitio es única, algo que no se puede describir y que tampoco se puede vender por catalogos y revistas.