jueves, octubre 20, 2005

AAAHHH!!! PUNTA CANA...



Por un momento pensé que no iríamos… y por otro momento pensé que no llegaríamos.

Desde hace algún tiempo venia escuchando las maravillas que ofrece Punta Cana en Republica Dominicana, y por esas cosas que tiene la vida (o el mercadeo) me llegó una llamada ofreciéndome un paquete con el sistema todo incluido para un resort allá mismo. Así que sin pensarlo dos veces lo compré y comencé a planificar el viaje. Para mi mala fortuna justo en la fecha que lo había programado apareció uno de esos terribles huracanes que destrozó mucha de la infraestructura turística de Santo Domingo y tuvimos que posponer el viaje. Un año más tarde, y después de pagar la diferencia, logré encontrar le fecha ideal para irnos a la isla y por fin disfrutar de nuestras vacaciones como Dios manda.

Nuestra primera parada… Maiquetía. Chequeo, una cola para la tasa aeroportuaria (Bs. 75.000+), otra cola para otro impuesto que no recuerdo que es (Bs. 29.000+) y la respectiva parada de algún funcionario de la policía para hacerte preguntas sobre tu viaje. Ya me comenzaba a dar vueltas la cabeza. ¿Por que tienen que hacernos las cosas tan complicadas? La segunda parada Curazao, nada especial, salimos casi de inmediato. La tercera parada fue la que se nos complicó un poquito. Antes de salir me metí en internet para ver el estado del tiempo en Santo Domingo y no había buenos pronósticos. Sin embargo solo pensaba en la playa y en el sol. Nunca me imaginé que íbamos a tener que experimentar uno de esos momentos tan desagradables durante un vuelo. El avión se movió para arriba, para abajo y para los lados. Una pesadilla!!! Se podrán imaginar a las doñas dominicanas batiendo sus collares de pepas de colores y echando ramazos por todos lados. Finalmente cierran el aeropuerto y tenemos que aterrizar en… Punta Cana. Buenísimo!!! Así nos ahorramos el viajecito de 3 horas por tierra. Pues no, de aquí no se baja nadie, dijo la aeromoza. Más vale que no, se formo un motín en el avión. La gente agarro sus maletas y se fueron hacia la puerta. Tengo que admitir que las aeromozas dominaron muy bien la situación. Yo solo pensaba, si esto es así, en esta situación tan insignificante, como habrá sido en New Orleáns con lo de Katrina? Pobre gente. Total que al final nos dijeron que el que quería bajarse lo podría hacer, pero las maletas las tendrían que buscar en Santo Domingo. Problema resuelto. Todo el mundo a sus puestos y a esperar la decisión del capitán. Una hora más tarde despegamos de regreso a Santo Domingo. Una vez más el avión se movió como le dio la gana. Ya no eran rezos los que se oían, ahora eran llantos. A una doña le dió un patatús y tuvieron que darle calmantes. Pero llegamos sanos y salvos, tomamos nuestro traslado a Punta Cana y terminamos llegando como a las 10:00 p.m. directo a la cama.

De ahí en adelante todo fue paz y armonía. Pareciera que Dios nos hubiese hecho pasar por ese momento tan desagradable para que apreciáramos lo que nos venia. Cuatro días de no hacer absolutamente nada. Comer, beber, caminar, dormir, leer, volver a comer, volver a dormir, etc., etc. Para ser honesto, demasiada paz para mí gusto. Aun hoy trato de pensar que me dejo el viaje y se me hace difícil describirlo. El simple echo de haber visitado otro país, otro lugar, otro ambiente es lo único que se me ocurre. Pensar en que fuera de Venezuela si tuviéramos esa infraestructura? Para lo que si me sirvió fue para confirmar la teoría de mi “suegrastra”, que dice… “No vale la pena pagar para ir a playas fuera de Venezuela”

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