domingo, junio 25, 2006

SOL DE MEDIA NOCHE

Desde el momento en que una persona experimenta la sensación de volar en un avión por primera vez comienza a hacer planes para recorrer el mundo. Viajar es la mayor enseñanza que un ser humano pueda tener. No importa si es a la ciudad más cercana o al país más lejano. Nada se compara a la vivencia personal de las costumbres de otros pueblos. Mientras más lejanos son, mayor es el enriquecimiento de nuestro intelecto. He tenido la fortuna de conocer gente que no ha podido completar sus estudios escolares o universitarios, pero si han podido recorrer el mundo; y créanme que ellos poseen un nivel de educación y cultura mayor que muchos profesionales graduados de las mejores instituciones en el mundo. Viajar nos da personalidad, confianza y conocimiento, y mientras más viajemos mejores seres humanos nos hacemos.

Uno de mis recuerdos cuando era niño es cuando mi padre tuvo que ir de viaje a Finlandia. En esa época no tenía ni idea donde quedaba “eso”, años después me enteré que esa fue la primera vez que él se montaba en un avión. Cuando regresó, sus cuentos me parecieron fascinantes. Era como si nos hablara de otro mundo, y efectivamente era así. Al pasar los años llegó mi primera vez y créanme que a pesar de haber oído esas maravillosas historias sobre el viaje de mi padre, nunca estuvo en mis planes ir a Finlandia. Preferiría un safari a Africa o Asia antes de ir hasta allá.

Sin embargo, por esas cosas del destino, uno comienza a darle continuidad a la empresa de la familia y es así como me tocó montarme en un avión para viajar 16 horas hasta Helsinki, la capital de un país más al norte que he estado en mi vida. Ya no me atrevo a decir que es la capital del mundo más al norte que algún día estaré. Como casi todos los viajes desde Suramérica hasta Europa, el cambio de horario lo hace a uno perder una noche completa y el ajuste mental y físico que uno tiene que hacer le toma algunos días para aclimatarse. Pero el simple hecho de venir desde tan lejos lo hace a uno abrir los ojos y quedarse despierto hasta que el cuerpo aguante. Una corta escala en Paris en un día soleado y despejado, lo hace a uno disfrutar de la Torre Eiffel por algunos minutos, aunque sea desde el aire.

La llegada a Helsinki no es tan glamorosa como la llegada a Paris, uno comienza a ver sembradíos, canales y lagos que se confunden con el Mar Báltico. Nada parecido a lo que había oído durante tantos años de los viajes que hacia mi padre. Me había preparado para el frío, gente rubia, alta y con curiosidad al ver a una persona con la piel bronceada. Pero una vez en el aeropuerto, esa visión se desvanece al comenzar una experiencia con un mundo lejano, una arquitectura distinta, gente de diferentes culturas, razas y religiones conviviendo en un mismo lugar bajo las mismas reglas y condiciones. Y el clima, pues no podía estar mejor, sol radiante y 32ºC todo el día. Obviamente las cosas han cambiado desde el primer viaje de mi padre en los años 70. Hoy en día, Finlandia es un país completamente distinto. Una mezcla histórica entre Rusia, Suecia y la Comunidad Europea actual. Aunque su independencia data de apenas 1917, su desarrollo social a la fecha lo catalogan como uno de los países en el mundo con mayor desarrollo tecnológico y mejor calidad de vida. Acaso Nokia les suena familiar?

Todo esto es muy fácil de digerir. Helsinki se puede recorrer en un día caminado, parándose en distintos cafés para tomar una cerveza o un jugo de cualquier “berry” que le provoque. Sin embargo, lo primero que cualquier turista debe hacer en cualquier ciudad del mundo, la primera vez que se visita, es tomar un City Tour para poder aprovechar el tiempo lo mejor posible. En Helsinki se puede tomar uno por tierra y otro por agua, ya que la ciudad esta rodeada por tres de sus lados por agua. Aunque en esta época del año lo más increíble de esta ciudad es que el día nunca termina. Debido a la posición de la tierra el sol se oculta a las 11:00 p.m. y vuelve a las 3:00 a.m. Durante este corto periodo de tiempo la luz del sol permanece visible como en cualquier amanecer. Así que se tiene todo el tiempo del mundo para conocer esta increíble ciudad. Cuesta un poco acostumbrarse a salir a cenar a plena luz del día, pero una vez cerradas las cortinas de la habitación uno puede dormir perfectamente hasta “el día siguiente”. Aunque también hay que considerar que en invierno tienen dos mese sin ver el sol. Sobre el clima, no quiero imaginarme el frío que debe hacer.

Aunque Finlandia no era uno de los países que estaba en mis planes de conocer, visitarlo me ha dado una mejor visión de lo que es una sociedad organizada, capaz de aprovechar sus recursos y conseguir un desarrollo a la par de los países más avanzados del mundo desde su recién ingreso en la comunidad europea a finales de los años 90. Algo que nos da esperanza a los países latinoamericanos que algún día, cuando nos pongamos de acuerdo, saldremos de la mediocridad en que nos encontramos. A pesar de eso, en todo momento que estuve lejos lo único que hacia era pensar en regresar a mi país.

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